........................................Del "Tratado de los tres impostores", (anónimo)


esucristo, que no ignoraba ni las máximas ni la ciencia de los egipcios,
dio curso a esa opinión; la creyó útil para su propósito. Considerando hasta qué punto Moisés se había hecho célebre aunque sólo había gobernado un pueblo de ignorantes, se propuso edificar sobre ese fundamento y se hizo seguir por algunos imbéciles a los que convenció de que el Espíritu Santo era su padre y su madre una virgen: esas buenas gentes, acostrumbradas a contentarse con sueños y fantasías, adoptaron esas nociones y creyeron todo lo que él quiso, tanto más cuanto que un nacimiento semejante no era para ellos algo demasiado maravilloso.

Haber nacido de una virgen por la intervención del Espíritu-Santo no es ni más extraordinario ni más milagroso que lo que cuentan los Tártaros de su Gengis-kan, cuya madre fue también una virgen. Los chinos dicen que el dios Foé debía la existencia a una virgen fecundada por los rayos del sol.
Este prodigio sucedió en una época en la que los judíos, cansados de su Dios como lo estuvieron de sus jueces, querían tener uno visible como las demás naciones.

-Lee o crea COMENTARIOS pinchando AQUI-